"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

jueves, 20 de enero de 2011

En una noche de verano.

Sucedió un día normal y corriente de agosto. Anochecía. Me alejé del paseo marítimo y me dispuse a entablar conversación con las olas. Quedaban tan solo un par de segundos para que la ardiente bola de fuego desapareciera detrás de la línea del horizonte, en el punto exacto donde se encontraba aquel velero.

Como un saludo enviado por la luna, la brisa del mar hizo sacudir dulcemente mi vestido y acarició mi pelo. Hechizada por el susurro de las olas, me descalcé los pies y sentí cada granito de arena bajo mis dedos. Me acerqué a la orilla y la salada espuma marina, sumergió mis pies en el mar. En ese momento, me sentí la persona más afortunada del mundo al poder disfrutar de tales sensaciones.

Con la gélida agua marina me acordé de ti. Segundos más tarde, rompí a llorar. Entonces, me di cuenta de que algo no iba bien... y entendí que jamás podría compartir estas sensaciones contigo. Jamás caminaríamos con las manos enlazadas a orillas del mediterráneo. Jamás dibujaríamos un corazón en la arena con nuestras iniciales. Jamás nos juraríamos amor eterno con las olas como testigo. Jamás oiríamos los susurros del mar como fondo durante nuestras risas. Jamás nos daríamos un beso de sabor salado. Jamás nos rebozaríamos por la arena en un arrebato de pasión. Jamás nos bañaríamos en una noche como la de hoy, abrazados bajo las aguas.

En ese momento, las olas me dieron una gran lección. Descubrí algo de lo que nunca me había percatado: Las olas chocaban contra el acantilado, y se deshacían a sus pies. Sin embargo, en cuestión de segundos, se recomponían y volvían a chocar con más fuerza todavía, puliendo las paredes de la roca. Abrí los ojos como nunca, y descubrí que así iba a tener que comportarme yo los meses siguientes si quería mantenerme a flote...

Esa noche, se ahogaron todos mis sueños y mis fantasías. Se ahogaron todos los recuerdos, todo el amor, todas las sonrisas y todos los besos... La marea absorbió todo, incluido tu recuerdo, y los arrastró al fondo del mar. En esa bonita noche de verano, mis lágrimas se fundieron con el mar en un largo y eterno beso de melancolía. 


2 comentarios:

Marco Ramírez dijo...

Sinceramente yo soy muy malo para escribir relatos; pero veo con alegría que para ti es sencillo hacerlo.
También es un placer leerlos porque es posible sentir a través de ellos todas las sensaciones.

De pronto me imaginé en el mar, viendo ese cuadro que relatas de una chica que dialoga con las olas, que le grita en silencio a lo eterno, que logra fusionar sus sentimientos con el mar y entiende su lenguaje...
Es como ver el final de un Fénix y segundos después poder ver su renacer.

Saludos y besos, linda Magdalena.

Magdalena dijo...

Muchísimas gracias Marco. Este relato se me ocurrió mientras estaba en la playa, en vacaciones =)El mar da mucho juego para escribir y mezclar sentimientos.

Un beso.