"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

miércoles, 26 de enero de 2011

Las lágrimas de la ventana

Se ha vuelto a hacer de noche y la ciudad vuelve a ser un gran transatlántico lleno de luces y pasajeros. Mirar a través de la ventana se me antoja triste. No se ve nada, están todas las ventanas empañadas, parece que estuvieran llorando mientras el vapor condensado va deslizándose sobre ellas. Mientras las ventanas derraman lágrimas ante mí, comienzan a pasar infinidad de recuerdos.

Recordar hermosas tardes de primavera haciendo nuestras las calles. Recordar atardeceres en bancos de lugares insospechados. Recordar el roce de unos labios aislando al alma del resto del mundo. Recordar cómo explotar una nube con una sola mirada. Recordar las infinitas formas en las que se puede conseguir calor en una tarde fría. Recordar una forma de sonreír tan especial que entran ganas de echar a volar.

El secreto se esconde en la palabra recordar. Y es así, recordar significa que nunca habrá nada que sea equiparable, porque nuestro corazón se quedó tan maravillado que jamás podrá olvidar. Ha situado cada uno de esos momentos en una pequeña película mental que podrá salir a la luz siempre que quiera, porque serán imborrables.

Podremos lamentar no haber murmurado un te amo a tiempo. Podremos volver a echar de menos. Podremos sonreír de nuevo recordando la estupidez de nuestros actos. Podremos volver a sobresaltarnos con aquel dolor tan inmenso. Podremos vibrar de nuevo con aquellas preciosas palabras. Ahí se quedarán los recuerdos, en un rinconcito del corazón para revivirlos en cualquier momento.

Por muy duro que sea y aunque no queramos saber nada de ellos, en algún momento u otro volverán a resurgir. Forman parte de nosotros, de nuestra vida, y jamás podrán ser borrados. De vez en cuando está bien abrir el libro de la memoria y recordar nuestro paso por la vida. Al fin y al cabo, nuestra mente es un pequeño diario, nuestro corazón una pluma y nosotros el tintero. Entre los tres escribimos nuestras vivencias y las guardamos bajo llave de forma que nadie, solamente nosotros, podremos acceder a ellas.

La mente y el corazón no siempre están de acuerdo. A veces el corazón quiere meter la llave en el candado para recordar, pero la mente dice que no debería hacerlo. Cuando el corazón se sale con la suya, acaban pasando cosas como la de esta noche: Las ventanas no son las únicas que están llorando.

Después de unos momentos, que se hicieron interminables, las ventanas dejaron de derramar lágrimas. Parecían querer decirme: "acércate, sécate las lágrimas como nosotras y asómate. El mundo  es demasiado bonito como para seguir llorando. Recuerda siempre que quieras y siéntelo, pero recuerda también que la vida es corta y tu ya has perdido demasiado tiempo lamentando."







5 comentarios:

Marco Ramírez dijo...

Hola; Magda.

Recordar esos momentos que no volverán, escuchar esas risas que en el eco del tiempo se han perdido, sentir esas caricias que de la piel han resbalado, y esos besos que de los labios han caído... que triste es recordar esos momentos, esos, cuando se creía amar.

Saludos y besos, Magda.

Magdalena dijo...

Marco! muchísimas gracias por los 3 comentarios que has hecho! Pero una cosilla. No paras de decirme que tengo un gran talento y un montón de cosas más, pero, tú has visto el párrafo que me acabas de escribir aquí? Es maravilloso! Es precioso... por qué no le coges y te inspiras y sacas de ahí una pequeña reflexión?

Un beso.

Anónimo dijo...

Yo opino lo mismo, Marco... Animate a escribir mas...

Anónimo dijo...

recordar es vivir,vivir es recordar

Bernardo Naiete dijo...

buenas quizás no venga a decir nada de o que esperaban o hacer enfatizar una lectura no, es la primera vez que escribo aquí. solo quiero saber la dinámica y aprovechar el espacio para nutrirme de palabras bonitas como as que leí porque soy amante de las palabras aunque no soy bueno en manejaras.