"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

lunes, 7 de marzo de 2011

Sueño de un cielo enamorado II

Todo comenzó con un amor adolescente, plagado de sueños y esperanzas. El beso de aquella noche, en la famosa discoteca de la ciudad, selló su amor para siempre. Han pasado ya diez años desde que rozaron por primera vez sus labios, sin embargo, la historia parece repetirse, solo que ahora, la que desciende las escaleras es ella.

Él la espera un poco más lejos, al final de la larga alfombra roja por la que ella caminará hasta reunirse con él. Se vuelven a cruzar sus miradas, como en aquella primera vez, y el recuerdo vaga por sus cabezas, imborrable. "Está preciosa" piensa él. Su largo vestido blanco tapa su bello cuerpo, marcando sus curvas, haciéndolas más deseables aún. El vestido deja al descubierto sus bronceados hombros, aquellos que él tantas noches besó. Su rubio cabello cae hasta la mitad de la espalda, con unos tirabuzones dignos de admiración. Él sabe que son suaves, verdaderamente suaves... ¡cuántas noches se perdió acariciando su pelo mientras ella dormía! Y su olor, aquel olor a frambuesa, dulce, apetecible...

Ella camina lentamente, es el día más feliz de su vida. Por fin se cumplirá lo que tantas veces pidió a las estrellas, lo que toda niña desea poder realizar... Si todos los presentes no supieran exactamente de quien se trata, estarían pensando que lo que camina ante ellos es un bello ángel caído del cielo. Solo los más observadores se darían cuenta de la conexión que hay entre sus miradas, nunca hubo tanta emoción reflejada en sus rostros...

Ella llega al fin junto a él y siente un leve mareo... no puede ser cierto, debe de estar soñando... Él toma su mano cariñosamente y posa sus dulces labios en ellas, saboreando el perfume a frambuesa que sabe que encontrará en cada poro de su piel. Ella siente un ligero escalofrío, sin embargo, es el más agradable que nunca ha sentido, de hecho, le aporta la seguridad que necesita para subir el último escalón que la lleva hacia el altar.

La ceremonia transcurre entre sonrisas, guiños, apretones de manos, risitas nerviosas, susurros y miles, millones de miradas. Solo queda un paso, y la eternidad será suya.

 - Sí, quiero - dice él con firmeza.
 - Sí, quiero - responde emocionada ella.

Promesa cumplida, como el sueño prometido. Y un beso, solo equiparable al primero surgido aquella noche, diez años atrás. Un beso que condujo una parte del alma de uno al otro. Ahora sí, fusión entre lo dos, mitad y mitad, almas que se reencuentran. Ninguno de los dos estará nunca solo, pues el alma de uno vive, juega y revolotea dentro del otro. Siempre estarán unidos.

 - Tuya - dice ella.
 - Tuyo - dice él.

Asimilan el enorme misterio que esconden sus palabras. Con aquellas dos palabras comienzan una nueva etapa en sus vidas, una etapa, que bien saben ellos que tiene principio, pero no fin.




2 comentarios:

thais dijo...

que bonito! :)
te sigo porque me encanta tu blog.
pasate si te aburres ;)

un beso.

PD: encantada.

Magdalena dijo...

Muchísimas gracias por seguirme Thais! Me pasaré por el tuyo, no lo dudes.