"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

lunes, 7 de marzo de 2011

Sueño de un cielo enamorado

Se apagaron todos los ruidos, todas las preocupaciones. El sol le alumbraba como si de un foco en un negro escenario se tratase. Sí, ahí estaba él, tan guapo, tan atractivo, como siempre. Sin embargo, lo mejor no era su presencia, no. Lo mejor era sin lugar a dudas que él solo tenía ojos para ella. Su mirada penetraba sus pupilas incesantemente. Ya no quedó ninguna duda, era a ella a quien él buscaba. Bajó los escalones de la discoteca con una elegancia inigualable y se fue acercando a ella poco a poco. Sorteando las diversas personas del establecimiento por fin llegó junto a ella.

Alzó su mano derecha y realizó una tierna caricia sobre su pómulo izquierdo. Su respiración se volvió cada vez más entrecortada, quería volar... Esa era la sensación, se sentía flotar... La música comenzó a sonar, lenta, angelical... Él colocó su mano libre en la cintura de ella y se acercaron lentamente y al son de la melodía se dejaron llevar. Ella apoyó su barbilla en el hombro de él, pero con una delicadeza infinita él levantó la barbilla de ella de nuevo. No, ahí no. Él quería ver sus ojos, quería contemplarlos, quería sumergirse... Y sin dudarlo, segundos más tarde, la besó. Lenta, dulcemente... 

Se acabaron los pensamientos y los remordimientos por hacer lo indebido. Dentro de ellos se encendió aquella chispa que hacía tiempo que surgió. Juntos, enamorados, haciendo suyo cada segundo, cada nota de música que sonaba a su alrededor... Hoy la noche era suya, solamente suya. Separaron sus labios y unieron sus frentes, mirándose sin parpadear... Sus ojos cada vez brillaban más. Tanto tiempo planeando qué decirse... y solamente surgieron unas pocas palabras de sus labios... Acercó su boca a su oído y lo único que él logró decirla fue "quiero pasar el resto de mi vida contigo". Ella, como respuesta sonrió con una dulzura inimaginable y contestó "te quiero".

Juntos, unidos como nunca, volvieron a besarse como si fuera su única fuente de vida, alimentando un fuego que nunca jamás se extinguiría. Ahí se quedaron los dos, ajenos al mundo, avivando la llama encendida, en el cielo, justamente en el lugar donde él quería llevarla... Ni un terremoto, ni un tsunami, ni una tormenta... nada habría hecho que ellos dos se separasen... porque esa noche, era suya... y la vida se les antojaba alucinantemente maravillosa.


1 comentario:

thais dijo...

qué bonito =)

es genial sentir eso por alguien, porque todo por muy mal que esté, va absolutamente perfecto.

un saludo :)