"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El silencio más sonoro del año

Comienzan a generarse sombras por las calles, ya comienzan la impaciencia y el nerviosismo de un año de preparación que culmina aquí, en una semana de silencio. Sí, ya retumban nuestras aceras con el redoble de los tambores y se estremecen las farolas con las velas de nuestros hachones. Quédate en silencio, ¿lo oyes? Sí, ese es el sonido del arrastrar de la capa de un penitente procesionando. No importa la lluvia, tampoco el frío... ¡tanto hemos esperado! No hay calles vacías en la madrugada del viernes al sábado, todos estamos congregados. Efectivamente, la puerta se está entornando... ya no hay luz, solo el del fuego de un cabo.Ya no hay madera seca y fría, sino vida y corazón esculpidos con mimo y devoción. Una madre que entorna sus ojos hacia el cielo, cuyo pulmón apenas respira de la daga que atraviesa su pecho y unas manos que acarician el cuerpo de su hijo, maltrecho. Su mirada, su boca, su cuerpo... ¿quién necesita palabras cuando presencia todo esto? Sí, ya están aquí, ya están preparados. Descalzos o calzados, cubiertos o descaperizados, oficiales o aficionados... ¿qué importa la situación si en definitiva todos nos sentimos por Él amados? Nadie amará tanto como el que ofrece su vida y sufre para que los demás encuentren su camino, a Su lado. ¿Quién necesita más gestos para emocionarse ante tal valiente acto? Por tanto, no hay mejor regalo que iluminar su camino desde el templo que le guarda durante el año, para que tras su rezo devoto se sienta de nuevo adorado y respetado. ¿Quién no llorará si hasta la luna parece triste al ver a Su Señor crucificado? Pero de nuevo el sol asomará por la meseta cuando las níveas mantillas anuncien "Cristo ha resucitado". Y otro año más volverán las imágenes a sus retablos y los fieles colgarán los hábitos, pero aunque todo parezca acabado no cabe duda de que el corazón continuará día a día procesionando. ¿Quién necesita palabras pues?


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