"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

martes, 29 de mayo de 2012

En el mundo de las medias sonrisas.

No existe dentro de mi otro impulso que el de contarte mis alegrías, lo bien que me siento tras estos logros que tanto me ha costado sacar... Recibo noticias y lo primero que pienso es en contartelas, pero no puedo. Es en ese instante cuando se cae el mundo porque cualquier motivo de felicidad es menor si no lo comparto contigo. El inconsciente sigue estando ilusionado y no para de jugarme malas pasadas del estilo "ya verás cuando se lo cuentes a..." pero no, no es posible. Qué difícil es dar tiempo a alguien que no sabe lo que sentir, qué complicado es amar y esperar a que te amen, estar en el medio sin saber qué camino tomarán los hechos, tener que ser paciente cuando más impaciente se es. ¿Habrá más te quieros para mi? Me duele pensar que cabe la posibilidad de que la respuesta sea negativa. Me asusta sentirme sola otra vez. Se me antoja amargo el sabor de los besos que no sean tuyos. Se me va de las manos, me impaciento, tiemblo... hace unos días que me siento incompleta, mi otra mitad se sienta en tu cama todas las noches y te contempla cuando duermes, así al menos en sueños, estamos juntos y puedo disfrutar de tu aroma. Así, al menos, puedo sentir tu respiración sobre mi pecho y acompasarla a la mía como tantas otras veces hice, como si nada hubiera cambiado. Aún así, el miedo persiste al no salir de mi más que medias sonrisas. Porque sin ti, no puedo ofrecer más que eso.


lunes, 28 de mayo de 2012

Historia de un sombrero de paja

Odio los tópicos tan negativos, pero más les odio cuando presiento que pueden llegar a cumplirse. Dicen que el amor siempre llega a su fin en algún momento y ese es mi gran miedo desde hace días. Dicen que cuando sufres por alguien, cualquier detalle te recuerda a él, hasta el punto de tenerle presente por cada parpadeo. Hasta hoy pensaba que los sombreros de paja solo servían para resguardarse del calor a la rica sombrita y que estos solo se destruían con el fuego, al quemarse. Yo hoy he descubierto algo nuevo, y es que los sombreros, cuando han sido testigos de miradas encontradas, de cálidos besos en el cuello, de abrazos bajo la luz de las estrellas, de besos escurridizos con lluvias y rayos en noches de tormenta, de caricias tras miradas desprevenidas y palabras de amor... cuando han contemplado esto y más desde la primera fila... los sombreros lloran. Puede que lo que cuelga de mi estantería no sea más que un trozo de paja bien hilado que en unos días de verano sufrió acontecimientos más intensos de lo normal, pero es suficiente para que mi habitación esté cargada de tu esencia, de tu aroma... de ese que no voy a volver a saborear nunca más. He aprendido que la vida tiene sabor a caramelo a tu lado, pero que si tu desapareces se vuelve amarga. Me envenenan el silencio y la soledad, me tortura el tiempo que veo pasar sin tu sonrisa, al saber que la próxima vez que la vuelva a ver no tendrá el mismo sentido de antes. Se me encoge el estómago al pensar que hace meses lo creía todo bajo control y ahora ese todo se desmorona al lado de tu sombrero. Los sentimientos son quizá efímeros y cambian tanto como el tiempo en primavera, pero no soy capaz de entender por qué cambian los de los demás y los míos se estancan. Y eso es lo que me queda en estos días, agua estancada formada por sentimientos de tu mano olvidados, recuerdos felices agarrada a tu cuello con una fuerza tal que nadie lograría separarme de ti. Solo existe una persona en el mundo capaz de alejarme de ti, tú... y lo has hecho. Sé que no puedo obligarte a quererme, pero vuelve ya por favor, aunque solo sea para decirme que me has olvidado del todo... así al menos sabré por donde empezar. Te echo mucho de menos, tu sombrero también. Cada hilo amarillo de paja contiene un toque de ternura que me remueve por dentro solo con pensar lo que vivimos, no dejes que muera... Quiero volver a ponerme el sombrero orgullosa de tenerte junto a mi y me asusta no volver a ser yo la que te acompañe cuando vuelva a llegar el calor y ni siquiera los sombreros puedan resguardarnos de él. Yo no soy solo un pedazo de carne andante y tu sombrero no es solo un trozo de paja reseca. Quiero mantener la esperanza y pensar que la historia de este sombrero no se ha acabado aquí y dar una patada en la boca a aquellos que apuestan por los tópicos.

lunes, 21 de mayo de 2012

Cosa de dos

No me prometas alcanzar el cielo, limítate a guiar mis pasos mientras subo los escalones... así igual es más fácil para ti cumplir y más sencillo creer para mi. Igual nada tiene sentido o igual sí, lo que sí encuentro claro es que cuanto más complicado, menos sentido tiene y más quiero alcanzarlo. Dicen que cuando te enamoras la vida parece más sencilla, permíteme que discrepe. Quizás a tu lado los problemas sean insignificantes y las horas que en clase son eternas aquí se reduzcan a segundos... pero cuando transcurre el resto del tiempo real, ese en el que lo más cerca que estoy de ti es en las fotos que se esconden tras mi pantalla, el cielo se aleja y la tierra se hunde. Lo que era blanco se torna negro, lo transparente en opaco y el agua en barro. Durante ese tiempo aprendo que los pianos de cola pueden desafinar, que las modelos de pasarela también se caen y que un cristal antibalas se puede romper... porque lo más perfecto, también se tuerce. A veces tengo la sensación de que si me giro, pillaré una sonrisa traslúcida tras de mi... pero quizás el misterio esté ahí, en saber llevar con valentía una vida compleja que se ríe de nosotros y anteponer una carcajada a cualquier llanto. No es fácil tomarse la vida con humor en esos momentos en que tus mejores aliados son la almohada y un paquete de clínex, pero igual hay que echarle narices, aunque quizás yo no tenga las suficientes. Entonces, las ilusiones se convierten en plomo pesado sobre mi cabeza y enseguida pienso que es posible que nuestro mundo, el que idealicé tras ese beso, ahora solo esté compuesto por excusas. Odio los sentimientos cuando tus lazos y los míos se entrecruzan, por mi incapacidad para ser objetiva... y los sentimientos, estorban. No quiero que te propongas ir cuando yo ya he vuelto y tampoco que vayamos a la vez, solo que de vez en cuando no estaría de más que te adelantaras. Me conformo con ser la que te impulse cuando no tengas ganas y la que tenga el derecho de abrazarte cuando tengas frío, aunque me gustaría también que tú intentaras ser el que me tienda una mano cuando caiga y me de fuerzas cuando me sienta débil para luchar. Porque quererse es un verbo recíproco y es obligatorio que haya dos. El cielo no se va a acercar para nosotros dos, tenemos que ganárnoslo día a día, así que no me prometas que un día le alcanzarás solo para mi. Construyamos pues una escalera con hechos, con palabras y sueños... solo entonces llegaremos de la mano hasta él.


sábado, 5 de mayo de 2012

Ganas de ti

Reconozco que esta mañana, según desaparecía el lucero del alba, mis ojos se han ido desperezando y mi primer pensamiento has sido tú. Ya no he podido dormir, una mariquita se ha posado en el estómago y ha danzado por él hasta que me he decidido a poner los pies en el suelo y al fin levantarme. Creo que me he vuelto bipolar, porque tan rápido como me han llegado las ganas de verte así ha aparecido el miedo. Miedo de enfrentar mi pupila contra la tuya y no encontrar las razones por las que un día te besé, miedo de odiarme a mi misma por no saber a quien querer, miedo de esperar el encuentro de otras manos para olvidarme de las tuyas. Según me acercaba deseaba retroceder y no afrontar la realidad... sin embargo, solo ha sido necesario llegar al punto de encuentro para comenzar a sentir. No he necesitado más que oír tu nombre para saber que no te has ido, que sigues en mi. El bullicio ya no suponía un problema, mis latidos se acompasaban al ritmo de tu caminar, eso era lo único que lograba escuchar. Ya no ha habido más, ni dudas, ni miedos... tan solo tú y yo, junto a dos corazones deseando abrazarse, desbocados en medio de una masa de gente. No creo que hayamos sido los únicos testigos de nuestros labios deseantes de intimidad... de dos labios que llevan tanto tiempo sin verse que se quieren saludar, de dos labios que ya no se conforman con besar una mejilla, de dos labios a los que se les antoja complicado soportar esa distancia. Realmente es difícil esconder los sentimientos cuando dos personas ya se han dicho tanto. Ha sido entrañable ver el chispazo que ha saltado en tus ojos al girarme, y suficiente para que la gente situada a mi alrededor pudiera contemplar la tonta sonrisa de una chica ilusionada. Quizás hayan sido menos de diez segundos con los que hemos podido contar en este encuentro, pero diez segundos plenos de energía y desbordantes de necesidad... de necesidad mía de ti y tuya de mi. A veces, no hacen falta más palabras porque en algunos momentos, sobran. Porque en situaciones como esta, lo que más me ha llenado ha sido tu sonrisa al verme, el cariño que desprendían tus manos al saludarme y el brillo de tus ojos, que me afirmaba lo que tanto ansiaba saber, que me has echado de menos. Y son detalles como estos los que me renuevan el espíritu, los que me hacen regresar temblando, los que me recuerdan las razones por las que me fijé en ti, los que recomponen mi felicidad y los que poco a poco, me enamoran.


Gracias por recordarme por qué soy tan afortunada

viernes, 4 de mayo de 2012

DUELE

Realmente ha pasado mucho tiempo desde que me prometí no volver a romperme, pero necesitaba desterrar estas emociones... y exploté. Quizás me dejé llevar demasiado por la rabia que me causa tu simple presencia. Tan solo he tenido que cruzar una mirada contigo para que todas las imágenes de esos besos primaverales resurgieran. Y ha pasado lo que tenía que pasar, que mi despecho ha salido volando hacia tus oídos. No sé si ha sido lo más correcto, pero ha sido el esfuerzo suficiente para preguntarme por ti, para aflorar sentimientos olvidados, para acordarme de noches esperando llamadas y lágrimas que expulsaban pequeñas espinas. Y duele, duele mucho. Quizás ya no es amor lo que me hace estar así, sino el simple recuerdo de tanto dolor provocado por una sonrisa que un día me pareció la más maravillosa del mundo. Surgen dudas, surgen ganas de probar, surgen deseos de estallar y sobre todo, surgen ganas de llorar. Dicen que quien tuvo, retuvo... y yo estoy de acuerdo. Indudablemente retengo y mucho. Retengo la rabia de una prometida eternidad con final, y no precisamente feliz. Creo que me he roto una vez más por culpa de alguien que no supo valorar que una persona es capaz de amar. Ya no te quiero, es cierto, pero pensar que todo lo que di cierto día fue en vano hace gritar al corazón. ¿Quieres saber qué peculiar forma de gritar tiene el mío? Lanza impulsos tan grandes que bañan mis ojos. Cuando una persona se ilusiona, hace falta muy poco para romperla por dentro... y cuando no se encuentran razones, solo queda pensar que fue por afán de hacer daño. Así me siento cuando te veo, como una marioneta que cortó sus hilos a base de lágrimas y que con una vaga imagen, sus sentidos se inundan de melancolía al sentirse de nuevo encarcelada por unos ojos que solo vieron en ella un medio para jugar. Y sí, realmente duele. Duele recordar que fracasé una vez más y aunque haya pasado tanto tiempo, para el dolor no existen las fronteras temporales. No sé qué tipo de persona eres, o quizás sí... quizás no quiera reconocerlo... me vale con saber que a partir de hoy serás consciente del daño que provocaste con tus juegos. Ojalá no hubiera pasado así, ojalá hubieras sido consciente de lo mucho que te quise, ojalá me hubieras valorado a tiempo, ojalá me hubieras querido al menos la quinta parte de lo que yo te amé... pero ya es tarde para todo. Pero como siempre, al dolor todo le resbala y viene corriendo hacia mi. De toda experiencia se aprende, ¿no? Yo no sé lo que he aprendido de esto, quizás a aceptar que el dolor es parte de la vida y que hay que saber aceptarle y plantarle cara. Pero lo que verdaderamente espero es que el que haya aprendido seas tú. Puedes quedarte con que un buen día, un juguete que duró una primavera te gritó hasta vaciar su rabia por despecho... pero creo que te resultará mucho más útil quedarte con la versión de que el amor no es un juego, que una persona no es un instrumento para usar y tirar y que en la vida hay que pisar con pies de plomo, porque con una simple mirada de indiferencia puedes romper todas las ilusiones de alguien... y eso, por experiencia, duele.