"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

miércoles, 6 de junio de 2012

Confesiones

Te confieso que me cuesta dormir todas las noches y que lo de ordenar mi armario se me da fatal. Confieso que adoro ir al campo y tumbarme debajo de los árboles, cerrar los ojos y dejarme llevar, aunque me dan miedo las culebras. Confieso que si limpio el polvo no levanto los libros y que si mi tostada cae al suelo, siempre caerá del lado de la mantequilla. Confieso que bajo corriendo las escaleras y las subo de dos en dos. Confieso que me encanta abrir la ventana en noches lluviosas y me da miedo la oscuridad. Confieso que he llorado de la risa y solo tengo cosquillas en los pies. Confieso que me gusta tanto cantar que llego a resultar pesada. Confieso que no me resisto a los cotilleos pero odio que hablen de mi vida a mis espaldas. Confieso que me han hecho daño pero yo también he fallado a la gente que quería. Confieso que odio los pitidos de oído y me encanta cuando alguien pasa las hojas de un libro. Confieso que me relaja que me toquen el pelo y me pone nerviosa que me miren a los ojos. Te confieso que no soy fácil y que si te aburre que el sol salga todos los días por el mismo lado, yo puedo llegar a ser más aburrida, aunque dudo también que haya alguien que pueda hacerte sentir como yo lo hice. Confieso que aunque no te enteres, te susurro todo esto al oído cada noche con la esperanza de que vuelvas. Pero lo único que merece la pena confesar de todo esto es que te quiero y que ya no me imagino sin ti. Podría confesarte tantas cosas más... pero prefiero que las descubras tú mismo, si vuelves claro... 

martes, 5 de junio de 2012

De príncipes y princesas

Sueños de princesas son los que se cruzan entre mis días oscuros. ¿Qué pasaría si diéramos la vuelta a los cuentos de siempre? Si a Rapunzel le cortaran su larga cabellera; Si Bella contemplara como el cazador mata a Bestia; Si el barco de John Smith naufragara ante la mirada triste de Pocahontas; Si las fresas sustituyeran a las manzanas, y Blancanieves finalmente mordiera; Si la alfombra mágica cayera de palacio con Aladín sobre ella; Si la bella durmiente no despertara jamás y el lobo se comiera a caperucita, entonces ¿con qué podríamos soñar? Estos son los cuentos reales, aquellos en que las torres se hacen más altas, las princesas esperan durante años a su príncipe, los malos son más poderosos que nunca y el príncipe si llega, desaparece. Tras estas horas de incertidumbre reconozco que por mucho que he frotado las lámparas de mi casa, nunca he conseguido que salieran genios de ellas y mucho menos que se hicieran realidad mis deseos. Quizás la realidad es así de cruda y no hay más, pero yo prefiero pensar que aunque los príncipes no sean como los de los cuentos y no desenvainen espadas frente a imponentes dragones, sí que existen. Y también me gusta pensar que aunque no haya princesas que pierdan sus zapatos tras la medianoche, sí que existen chicas normales y corrientes a las que les duelen los pies después de llevar zapatos de tacón. Todo esto me hace pensar que los cuentos son irreales, pero tienen su parte real. Es decir, que aunque yo no tenga un hada madrina, ni ratoncitos que me acompañen cuando lloro, sí que existe alguien en algún lugar que un día vendrá a buscarme y me dirá: "oye, ¿damos un paseo y lo hablamos?" Y entonces, ese príncipe, a pesar de vivir en un piso sencillo sin ningún atisbo de palacio, me dará un beso mejor que el que despertó a la bella durmiente de su eterno sueño y yo me sumergeré en uno mucho más profundo llamado ilusión. Así son los cuentos de hadas, los de verdad, con los que me gusta soñar y los que me hacen sentir que la magia no solo existe en Howarts, sino que está presente en mi vida y también en la tuya. Porque aunque me vea en la peor situación de esta relación, tus ojos efectúan en mi como el polvo de campanilla en Wendy y siento que puedo volar. Así que, ¿por qué no? volemos mientras podamos que cuando haya que regresar del País de Nunca Jamás ya será lo suficientemente difícil, así que no compliquemos las cosas por adelantado y soñemos. Solo podemos salir ganando... que la magia haga el resto.