"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

domingo, 26 de agosto de 2012

Vuela alto

Todo es sencillo al principio, cuando las horas parecen interminables y las noches, como el día, eternos. Sueños, fantasías, ilusiones, pocos razonamientos y algún que otro quebradero de cabeza. Sería bonito vivir así, volando en el tiempo en un continuo ir y venir, como el que viaja en un avión a ciegas. Pero por desgracia, siempre llega el momento de aterrizar y poner los pies en el suelo, de dejar de correr sin sentido ni destino y plantearse un camino fijo. En otras palabras, llega el final. Comenzamos a buscarle el sentido a las palabras y a los actos cuando antes nos limitábamos a sentir, y valoramos lo que tenemos o podemos llegar a tener. Esto suele llevar a buen puerto cuando son dos los que deciden que el primer viaje ha terminado, pero cuando es solo uno el que ha conseguido desabrocharse el cinturón... cosa mala para el que se ve atrapado. Ilusiones rotas, sueños sin terminar, corazones despedazados y decisiones tomadas a medianoche son las consecuencias de esa falta de coordinación. Ya no te puedes quedar a mitad de camino y echas a correr, lejos, muy lejos del corazón de esa persona para no tener que ver los rasgos de incomprensión y posterior desconsuelo que mostrará. No quieres dar la vuelta para no obligarte a recordar lo que la quisiste. Continúa, sigue corriendo, despega y vuela alto... no seré yo quien te lo impida. Si no basté yo para hacerte feliz, nunca seré lo suficiente para llenarte... pero al menos, podrías haber desabrochado mi cinturón, porque cada vez aprieta más y más, y no puedo desengancharme del sabor que tus labios desprendían al besarme. Algún día encontrarán el avión y alguien, al fin, se atreverá a abrocharse el cinturón a mi lado para volar alto, puedes ser tú... o no, pero eso, ya corre de tu cuenta.


miércoles, 22 de agosto de 2012

Se detuvieron las ganas.

Parece mentira que ya haya pasado un año, pero no lo es. Hace 365 días las calles tenían colores, el cielo era más azul, y el sol incluso brillaba. Siento que fue ayer cuando me entregabas tu mano para pasear... y sin embargo, el tiempo ha pasado, demasiado rápido diría yo. ¿Quedan resquicios de esa ilusión? Aún quedan, pero echan a volar cuando me despisto. Fallaron tantas cosas y funcionaron otras tantas... y en ello estaba la perfección de esta historia imperfecta. Creía que era distinta a las demás, que esta vez nada ni nadie podría separarnos. Sentía que podía prolongarse en el tiempo y detenerse con un solo beso, pero finalmente venció la ley de Murphy y el verbo "prolongar" tan solo se quedó en una intención. Todo se detuvo: el tiempo, las sonrisas, las caricias... y las ganas. ¿Demasiados recuerdos? ¿Demasiadas palabras? No, podían haber sido aún más... me quedé con ganas de decirte que te voy a echar de menos. Mientras tanto, la Tierra sigue girando, la vida continúa... menos esta historia, que se quedó atascada en un beso de carnaval, con las ganas de querer y sin ganas de seguir.