"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

lunes, 10 de septiembre de 2012

A corazón parado

Siento cómo caen, cómo la corriente se los lleva. Así me desprendo de tus recuerdos, borro tus teléfonos de mi agenda y aquellos mensajes que me hacen tan feliz como melancólica. Digo adiós a esa sonrisa que me acompaña tras la pantalla desde hace un año, te digo adiós. Igual es la noche, siempre confusa y traicionera, o igual son las lágrimas las que me hacen ver el mundo borroso, pero no puedo más. Tengo que aprender a dejarte de lado, pero esta vez de forma definitiva. Ojalá pudieras hacerte una idea de lo mucho que me has faltado este verano y de todos esos abrazos que prometiste y nunca llegaron. He visto todo negro en estos días... y a ti, que tantas veces te tuve como apoyo, nunca te tuve a mi lado. Te quiero, y no pongo mucho porque realmente sabe a poco decir eso, ahora entiendo el porqué de llamarle determinante indefinido. Te quiero, pero no puedo continuar así, tengo que seguir, y contigo, en esta situación, no puedo. Me he cansado de rezar para que vuelvas y he llorado más veces de las permitidas, así que no puedo derrumbarme otra vez. Me gustaría decirte "hasta luego" pero mi corazón hace tiempo que dictó un "hasta que el cuerpo aguante" y al fin, ha llegado mi límite. Por tanto, con tu permiso o sin él, me pido unas vacaciones a corazón parado y lágrima seca. Necesito deshacerme de la llave de mi corazón por un tiempo, tirarla al río y dejar de sentir... así, si algún día alguien siente que merece la pena quererme, buceará hasta encontrar la llave escondida, y al fin sabré que habrá llegado el momento de reabrir el cofre de los sentimientos. Aunque si he de realizar una última petición, antes de dejar que los recuerdos desemboquen en el océano, solamente te pido, que no esperes a que la llave se oxide.

ADIÓS, HASTA EL MOMENTO EN QUE PUEDA MIRARTE SIN SENTIRTE DENTRO DE MI.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Carta de un incondicional

Aún siento cómo te estremeces cuando duermes, las vueltas que das en la cama y cómo aprietas tu cara contra la almohada para que las paredes no te vean llorar. Te oigo cada noche susurrar te quieros que siguen sin pasar de la puerta de tu habitación y suspirar cuando en sueños te besa una vez más. Sigues poniéndote nerviosa cuando le crees ver pasar y, cuando se gira y le miras a los ojos, respiras, al ver que no se trata de él. Sí, aún te veo sonreír cuando escuchas su nombre y aunque no te das cuenta, tus ojos relatan la historia de su ausencia. Por las noches, sigues sin acompasar la respiración al ritmo que debe tener y sigues ilusionada por volverle a abrazar, lo noto en la forma en que abrazas al osito de peluche que duerme a tu lado. Siento cómo se humedecen tus ojos cuando escuchas esa canción y cómo tratas de retener las lágrimas para que no te pregunten por él. Quieres olvidarle, él ya lo ha hecho, pero empeñada continúas recordándole con el subconsciente: el cielo, las banderas, la lluvia... todo se relaciona con él. Te desesperas, y otra vez, aceleramos el ritmo. Presiento tu miedo por los escalofríos, los que te entran cuando pasas cerca de su casa, saludas a sus amigos o memorizas su número de teléfono eliminado de tu agenda. No te preocupes, estamos juntos en esto, soy tu compañero de alegrías y tristezas, de sorpresas y sobresaltos. Nunca te voy a abandonar y el día que dejes de respirar, yo dejaré de hacerlo también. Yo también le quiero, pero también te quiero a ti, por encima de todo... así que vamos a salir de esta, como tantas veces lo hicimos, con una sonrisa que haga salir el sol por las mañanas.

Tuyo por y para siempre. 

 

El corazón