"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

viernes, 11 de enero de 2013

Es hora de seguir caminando.

Es hora de recuperar el tiempo. No digo perdido, porque el tiempo que pasó entre los dos tiene todos los calificativos posibles menos "perdido". Volvería a acariciar su pelo si pudiera, pero no habría sentimiento posible para completar la caricia... a no ser que volviéramos atrás, donde la luna se confundía con el sol y las noches eran tan luminosas como el día. Es hora de meditar los pasos dados y los que dar ahora, de reflexionar acerca de los últimos besos y de los que vendrán. A pesar de todo, soy consciente de que su nombre seguirá en mi tatuado hasta el final de los tiempos. Por mucho que emplee años y esfuerzos por borrarlo, no podrá desgastarse mi mente en borrar las huellas que dejaron sus labios, sería en vano. Ahora lo sé todo y lo entiendo, no consiste en olvidar las veces que el mundo se derrumbó, sino en aceptar la caída, vivir con ella y cambiar la situación conforme a las posibilidades que se ofrezcan. Ya no siento contradicciones porque sé que no es cuestión de olvidar... pasarán los años, volveré a enamorarme, amaré loca y perdidamente a alguien como nunca amé a nadie, pero nunca dejaré marchar su recuerdo, porque forma parte de mi. Siempre habrá un cariño especial dirigido a su  dulce figura, al interminable mar de sus ojos, al mágico sabor de sus labios y a los días que pasamos juntos en los que no importaban ni el frío ni el calor, porque vivíamos en una constante primavera floreciente.

Es hora de mirar hacia delante en el camino, con la mochila cargada de lo bueno pasado y lo vacío para lo que está por llegar, pero con su recuerdo a mis espaldas, no pesado sino ligero. Es hora de dejar de jugar al escondite, de renacer, de caminar sin prisa pero sin pausa... con brújula y sin camino fijo. Es hora de abrir la puerta, apartar la cortina de niebla y dejar entrar el sol.

Para él, siempre y nunca en mi.

Es la hora. Caminante no hay camino, se hace camino al andar.


sábado, 5 de enero de 2013

El brindis de las sombras

Parecen sueños tontos los que me sobresaltaban antes, sinsentidos... pues solo permanece el recuerdo de lo vivido que quedó. A mi vera reposa la botella de champagne que quise descorchar contigo, y curiosamente, hoy sola la descorcho yo. Sin embargo, no es una soledad pesada a la que me someto, sino con sabor a libertad. La copa rebosa de felicidad, la que se libera al sentir que no hay cadenas que me aten a tu recuerdo, como las burbujas que sumergidas se alzan hacia la superficie. De vez en cuando se mezclan la añoranza y el desencuentro, pero se sobreponen las ganas de continuar, de un seguir pero sin ti. Sin ti... quiere sonar melancólico, pero ya no eres más que sombras que se ahogan en el subconsciente. Sombras de un tiempo de luz en el que por inercia se entrelazaban nuestras manos, sombras que tras la lejanía amenazaban cálidos sueños con airados despertares... pero al fin y al cabo, nada más que sombras. Hubo días en los que quise gritar desesperada un te quiero para que pudiera alcanzarte a través de las nubes que creía nublaban tu mirada, qué días aquellos... 

Brindemos pues con esta copa de champagne, tú desde allí y yo desde aquí. No sé por qué brindarás tú, pero yo brindo por las sombras, convencida de que marcaron un antes y un después. Brindo por ti, por tu vida, tus alegrías y tus penas, las que viví contigo y las que viví en soledad gracias a ti. Brindo por el nosotros que un día fue y dejó de ser. Brindo por los gritos, los te quieros, las disculpas y la confusión. Brindo por el calor y el frío, por nuestras idas y venidas. Brindo por las veces que fueron escritas tus iniciales. Brindo por la caída brutal del adiós y por el punto medio que deseaba alcanzar. Pero ante todo, brindo por mi, por haber sido capaz de olvidar el dolor que sufrí tras tu sonrisa traicionera. Por mi esfuerzo de libertad al conseguir librarme de los grilletes de tu condena. Brindo también por mis ganas de ser feliz sin intentar olvidar ni lo bueno ni lo malo, aceptando que yo soy el conjunto de mis circunstancias, entre las cuales tú fuiste, eres y serás siempre una causa. Y brindo, sin lugar a dudas, por la luz que consiguió vecer a la tiniebla. Sí, brindemos por tu sombra y la mía que un día se unieron, que el champagne las ahogué con su marea dorada y no regresen, que aquí, en el universo real, seguimos en busca de la felicidad eterna, tú sin mi y yo sin ti.