"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

jueves, 14 de febrero de 2013

¿Un error? No lo creo.

Todo lo que parecías querer conmigo se esfumó... como una pequeña chispa arrasada por el último soplo de viento en una noche de San Juan. Tuve que aceptarlo y a pesar de que sabía que jamás conseguiría nada seguí intentándolo, no tiré la toalla. Me hice falsas ilusiones y soñé, dormida y despierta, a sabiendas de que no volvería nunca a ser estrechada entre tus brazos. Pasaron los meses y me iba aferrando a las pocas esperanzas que me quedaban y buscaba motivos para sonreír en pequeños detalles en los que en realidad no había nada. Fallo mío, lo sé... fue un fallo mío continuar luchando sabiendo que la realidad estaba llamando al otro lado de la puerta y no quererla abrir. ¿Pero qué podía hacer? Verte todos los días e intentar olvidarme de ti suena más estúpido todavía que luchar por una causa perdida. Sabía que llegaría el día en que partirías de mi vida para siempre, dejando a tu paso el ligero rastro del olvido. Sabía que ese día me preguntaría si tú fuiste un error, si no debería haberte conocido, si debería haberte rechazado desde un principio. Pues bien, ese día ha llegado, hoy te has marchado y has dejado un gran vacío en mi... he perdido una vez más. Me he hecho todas esas preguntas y la verdad, me costará olvidarte, y sé que mi subconsciente seguirá recordándote cada minuto. Me maldeciré mil veces por haberte dejado entrar en mi corazón... pero en el fondo sabré que quererte jamás fue un error.
 

El capricho del tiempo

Y si de mi dependiera el manejo del tiempo volvería a aquellos días en los que amanecía con tu sonrisa y dormía con el calor de tus brazos. Volaría hasta encontrar el momento preciso en que tu aliento se confundió con el mío como en una ráfaga de viento destructora de malos recuerdos. Besaría tus labios una y otra vez hasta dejarles sin ganas de probar la intensidad de otros que no fueran los míos. Pasaría tardes enteras deleitándome con tus palabras, saboreándolas una a una y sintiéndolas dedicadas tan solo para mi. Buscaría en cada minuto libre la picardía en tu sonrisa dando pie a mi imaginación a soñar con travesuras insospechadas. Memorizaría cada uno de tus gestos, tus movimientos y tus intenciones para guardarlos en mi corazón y vivirlos en secreto como si de la mejor película del año se tratase. Porque si pudiera elegir un momento de entre los más discretos vividos pero más sentidos, escogería sin dudar aquel en que tu mano se posó dulcemente sobre la mía entre libros y letras. Sorprendería a tu ser con mi presencia y descolocaría tus sentidos como ya hice una vez. Reviviría cada segundo que pasé a tu lado siendo consciente de lo efímero que sería todo. Si corriera de mi parte la decisión de perpetuar un instante sería el de aquella mirada que me rompió por dentro y dejó desnudo mi corazón. Si pudiera borrar de nuestra historia un hecho, el que quisiera, eliminaría sin pensar el sabor de la despedida que dejaste posado en mis labios... porque si no hay despedida no hay final, y si no hay final solo puede haber dos cosas: principio y eternidad.
Si de mi dependiera el manejo del tiempo no te dejaría escapar jamás... pero por desgracia, en este mundo yo tan solo soy un peón del que se ha encaprichado el tiempo, que puede manejar sus sentimientos y poco más, a veces, ni siquiera eso.