"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

lunes, 18 de marzo de 2013

La procesión va por dentro

Huele a primavera y la luna observa completa en lo alto del cielo. Se disponen las cornetas al anuncio del despliegue de sombras de capirotes al traspasar la barrera de la medianoche. Lloran las farolas por el desprecio obtenido, apagadas por el innecesario derroche de luz, los hachones ya están en las calles y con ellos, los destellos de sus pequeñas llamas de fuego. Redoblan los tambores al compás de las pisadas de los descalzos penitentes, y el olor de los almendros en flor se entremezcla con el característico olor a incienso. Detalles que llenan las calles en las noches congeladas y tradicionalmente lluviosas de la Península, detalles que solo pueden significar una cosa: HA VUELTO. La semana más grandiosa del año desfila entre las aceras.

Se mueven los Santos mientras truenan los cielos. Las plegarias de los cofrades retumban en las casas, los templos y la intimidad de los corazones para rogar al Dios que saldrá laureado de espinas que un año más, nos deje acompañarle en su Pasión. La Madre dirige su mirada agónica hacia el cielo y se une al rezo de los que la admiran para conseguir entender su sacrificio y ayudarnos en el nuestro. Portado a hombros por los más fuertes de espíritu o quizás sobre ruedas pero no con menos devoción, asoma el Cristo que en otro tiempo fue adorado y que hoy, es humillado por aquellos que envidian la humildad de quien sabe ser pobre viniendo de un Reino rico.

Un niño finaliza su llanto al ver una majestuosa talla desplazándose ante él, escultura que aunque de madera fue tallada posee corazón humano y mirada de quien va comprendiendo a la vez que acepta. Los cofrades inspiran admiración al poeta, y burla al que no entiende ni de arte ni de fe... una burla cuya causa primera es el temor de alzar la mirada y descubrir la imagen de un Dios agonizante con una espalda encarnizada.

Déjame acompañarte en tu dolor esta noche, Señor. Deja que en mi caminar sane las heridas de tu espalda flagelada y comparta el sacrificio que una vez hiciste solo y que hoy, debe ser portado entre varios. Déjame llevar tu cruz en estos días y aliviar tu pena. Cura a tu paso mis heridas y dame fuerza para afrontar mi mañana, como tú hiciste con valor. Que el silencio sea la mejor de mis armas y la emoción de la semana, el valor para comprender el significado de tu Pasión. Así, cuando llegue el ansiado tercer día, las palomas sobrevuelen las plazas y las mantillas blancas se paseen por nuestras calles para anunciar la Resurrección ante un desbocado y aliviado corazón de madre que sonríe ante quienes la contemplan.

De este modo y una vez finalizada la semana, así vuelvan las carrozas a sus naves, las tallas a sus templos, los hábitos limpios y planchados a sus fundas y ambas mantillas a su caja, hasta que llegue el frío cuaresmal de nuevo y las peinetas vuelvan a relucir largas mantillas negras en las madrugadas.

No podía ser de otra forma, como orgulloso cofrade anuncio: La Semana Santa ha llegado a la ciudad, vivámosla y disfrutémosla como se merece.