"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

lunes, 27 de mayo de 2013

Cambié la cerradura.

Se fue brillando a lo lejos, borrando con su mano derecha los corazones que dibujamos, diciendo adiós con la otra mano. Susurraba mil perdones entre los labios y a su paso dejaba una estela que soñaba yo con seguir pisando. Escribí en mi calendario las últimas palabras y los te quieros escondidos entre las flores de mayo. Se nos fue de las manos, amanecía el día sin saber y anochecía poco más tarde de abrir los ojos. Perdida en el tiempo, congelada en el momento del beso que me despertó y durmió. Hubo bastantes aciertos, pero demasiados errores. Se esfumaron los sueños entre unas manos que se despedían sin saberlo, cambiando el punto de vista de quien acariciaba y dejaba acariciar. El sol dio paso a las flores marchitas, al invierno sin abrazos, al otoño sin escoba. Las lágrimas convertidas en diamantes congelados no regresaron a los ojos que te observaban dolidos. ¿Cómo fue vivir sin mi? Solo sé cómo fue vivir sin ti. Sé que no pude volver a sentarme en el mismo banco que nos vio reír y que las cuestas se hicieron más cuesta arriba. Que tu luna estaba llena y la mía en cuarto menguante y que el sol que a ti te alumbraba a mi me resecaba. 

Y ahora que ha pasado el tiempo, que el río seco vuelve a llevar agua sin necesidad de que llueva, que la nieve se derrite sin necesitar del calor, ahora llegas y vuelves a poner mi nombre en una canción de amor. Sin ton ni son remueves la tierra sembrada y riegas el campo inundado. ¿Y ahora qué? ¿Hacemos como que el tiempo no ha pasado? ¿Crees que sentir significa lo mismo que antes si se trata de ti? He aprendido a vivir intercambiando vanas palabras de vez en cuando, a vivir en tu ciudad y nunca verte, a sentirte en la calle de al lado y girar la cara. Y ahora estás aquí de nuevo, como si nada hubiera cambiado, como si pudiera recuperar los días negros y las lágrimas desechadas. Como si pudiéramos saltarnos todos los pasos y retomarlo donde lo dejamos. No me pidas renunciar a lo que tengo, al muro que construí entre tu cuerpo y el mío, a la mordaza entre tu boca y la mía. No me pidas volver a probar el sabor de tu cuello, a desenterrar tu olor de entre mis recuerdos, a rescatar de la basura el calendario, a prender fuego a lo que creía afrontado ya. 

No me pidas que te quiera como al principio, porque hace mucho tiempo que me cansé de esperar. No me pidas que te suplique volver ni que te eche de menos. No me pidas que te abra mi corazón como si nada, porque a estas alturas, con la antigua llave no es posible, cambié la cerradura.

viernes, 17 de mayo de 2013

Cuanto más dura una tormenta, más larga es la felicidad que se avecina.

No siempre brilla el sol cuando miramos al cielo. No es fácil tener ganas de salir de la cama. No es fácil dejar de fumar ni tampoco empezar a conducir cuando está oscuro y la carretera asusta. La vida, dejando a un lado los detalles, no es fácil de por sí. Sin embargo, a veces llega el momento de alzar la cabeza para ver el bordillo de la acera y dejar de tropezar con él; De abrir la ventana para que entre aire nuevo y ventilar el ya usado; De levantar los párpados, mirarse las manos y desmontar el muro que se interpuso en el camino marcado. 

Lo más sencillo sería encerrarse, esperar a que amaine el temporal y amanecer en un nuevo lugar. Pero igual izar las velas del barco ayuda al timón a dirigir el rumbo hacia el lugar donde querríamos desembarcar. Tirar la toalla suena fantástico, olvidarse de todo y volar hacia la luna, esconderse en un cráter y no volver a aparecer hasta que un nuevo Neil Armstrong nos pise una mano y despertemos.

Pero eso no es vida, vivir no significa rehuir a los problemas... significa caminar y estar dispuesto a enfrentarse a todo lo que se interponga entre nosotros y la felicidad. Son momentos complicados los que se viven, cada uno con su situación, con su día a día, con sus problemas personales y los comunes. A veces no son las ganas las que fallan, si no la incertidumbre de por dónde continuar. ¿Qué hacer si todas las ventanas están cerradas y las puertas candadas? ¿Qué hacer si no vemos el modo de salir a la calle y gritarle al sol que queremos volver a ver su luz? BUSCAR. 

Buscar otras alternativas, porque aunque a veces no la veamos, siempre hay una puerta abierta detrás de una cortina. Las cortinas de las dudas, del miedo, del dolor... nos impiden ven con claridad que aún hay sendas desconocidas que descubrir y fuerzas  para sonreír de nuevo. Todos tenemos fuerza en nuestro interior, solo hay que encontrar el motivo adecuado por el que luchar. 

¿Sabes qué? Que para ver el arco iris es necesario que llueva. Y que incluso para estar metido en la cama, alguna vez has tenido que estar en pie. Que antes de empezar a fumar, no era necesario tener un cigarrillo entre las manos y que para empezar a conducir de noche una vez tuviste que vencer la barrera de la oscuridad. Así que corre y vence lo que un día ya conseguiste, que estamos juntos en esto y lo estaremos siempre. Porque los amigos están para brindar por las alegrías pero para hacerlo también por las tristezas y si tú solo no alcanzas la parte de arriba del muro, si hace falte yo te impulso. Son días difíciles, pero días al fin y al cabo que no exceden las 24 horas. Y que aunque los días se vayan convirtiendo en semanas y las semanas en meses, llegará un día en que el viento sople y las nubes se vayan definitivamente.

Aquí estoy, a tu lado y para todo. Porque aunque la espera a veces se hace larga, merece la pena apostarlo todo. Y si necesitas fuerza, yo te la doy.

Sé que puedes con esto, ¡te quiero!

miércoles, 8 de mayo de 2013

Milagros hay pocos, pero existen.

Puede que esté loca, puede que lo estés tú, quizás los dos o ninguno de los dos. Sin embargo, cada vez que recuerdo tu historia se me tambalea el cuerpo. Se mueve hacia un lado y ligeramente se desplaza hacia el otro al segundo siguiente. A lo mejor es solo una sensación, pero el mundo gira y gira rápido y se para de repente cuando regresan tus palabras a mi mente. Es la historia de un accidente, de uno de tantos que tienen lugar en nuestras carreteras, una historia en la que te tocó a ti ser el protagonista. 

La noche avanzaba y la euforia de la fiesta con ella. Era una fría madrugada de invierno y helaba ya encima de las perennes hojas de los pinos. Cualquiera que mirase por la ventana te habría tratado de loco al coger el coche a esas horas, viendo el hielo que se depositaba en la superficie del camino. No te paraste a pensar, pisaste el pedal y saliste para que todos vieran lo bien que habías aprendido a conducir. Efectivamente, todos vieron... pero no lo que esperaban. En sus ojos quedó reflejado el miedo al ver cómo tu rueda se deslizaba ante la pequeña pero eficaz placa de hielo, al ver cómo tus manos perdían el control del volante, al ver como tu brillante y nuevo coche colisionaba hasta tres veces al salirse del arcén. 

Murió el coche, destrozado ante la atenta mirada de la luna, que lloraba copos de nieve materializando la palpable tristeza. Murió la palabra de unos padres que atemorizados rehuían la mirada de aquellos a los que querían. Pero sobreviviste tú. Y no solo eso, saliste a pie sin un solo rasguño de lo que era una bola metálica estampada en un árbol. Por eso pienso que estoy loca, por eso quizás tú también lo estés y todos aquellos que lo contemplaron... porque lo tuyo fue sin duda un milagro.

Pienso en mi día de hoy si tú ya no estuvieras. Pienso que no te hubiera conocido jamás, que tus palabras de ánimo no hubieran existido en mis días tristes, que hubiera sido una pesadilla muy dolorosa para mi. Por ello doy gracias. Gracias porque de los millones de accidentes que ha habido tú has tenido la suerte de salir ileso. ¿Por qué unos sí y otros no? Lo sé, no es justo... pero la vida es a veces así de dura, fría e impasible. Sin embargo, son estos detalles los que devuelven a la vida, los que te hacen sentirte afortunado, los que te hacen replantearte las cosas y los que te hacen valorar absolutamente todo lo que tienes.

Aprovecha la vida, cada día, cada hora, cada segundo, en cualquier momento se nos puede ir. El tiempo es efímero y los sucesos imprevisibles. Vivimos en un mundo en que, por desgracia, las imprudencias son constantes así que no estamos como para desperdiciar todo aquello que nos ha sido regalado. La carretera es larga, mucho... pero hay quien por negligencia de unos o de otros, se pierde por el camino.

A ti que vives, a ti que te han dado una segunda oportunidad, a ti que un ser querido te fue arrebatado... VIVE POR TI,  POR ÉL, POR ELLA, POR TODOS AQUELLOS DE LOS QUE NO PUDISTE DESPEDIRTE, POR LOS QUE UN DÍA CONOCISTE Y DE REPENTE SE FUERON.

 


Porque realmente a todos se nos ha otorgado un MILAGRO y se llama VIDA.