"Escribir es la manera más profunda de leer la vida" Francisco Umbral


No se es poeta por saber leer, ni renombrado escritor por saber escribir. Los grandes hombres son los que saben, se proponen metas, se esfuerzan y las alcanzan.

jueves, 16 de enero de 2014

Te espero, Senda del Tiempo.

Recientemente he descubierto que puede ponerse absolutamente todo patas arriba, en menos de lo que canta un gallo. Me gustaría decir que nada ha cambiado y que a pesar de las dificultades, las cosas siguen en su sitio. Pero no, no es así. Soy incapaz de alzar la vista ante ciertas caras, de pronunciar un qué tal que no sea tembloroso, de verles y no echar a correr en dirección contraria. Todo sucedió muy rápido. Cambios en la forma de ver los hechos, salvar a unos pocos o salvar a quien no tiene culpa de nada. Salvar a quien ignora el peligro en que pone a los demás, o salvar a quienes confían ciegamente, con esa mirada translúcida, cariñosa y cálida de quien espera sorpresas, alegrías y aventuras. Finalmente, pesó más en la balanza la parte de seguir adelante, de caminar con aventuras y desventuras nuevas... pero sin aquellos que consciente o inconscientemente, lo echaron todo por tierra: ilusiones, trabajo, valores, confianza y amistad.

Los días se consumen como si no pasase nada, pero sí pasa. Ocurre que es tan doloroso recordar sonrisas, tristezas, caídas y tropiezos... sabiendo que nunca volverán a vivirse igual. Les echo de menos, tanto. Tantísimo. Sus locuras, sus risas, sus ideas, su genialidad, su cariño, su apoyo. Pero han decidido marcharse, dejarlo todo al azar. Abandonar la senda que se abría paralela a mi camino y coger la senda contraria tras ponerme una piedra delante, para tropezar. Tropecé, tropiezo aún, y lo seguiré haciendo por mucho tiempo, porque se me antoja imposible llevar una mochila a mis espaldas sin unas manos que tiren de mi, como ellos hacían.

Y aquí estoy, con una mochila llena de flores, pero también de piedras. Caminando de la oscuridad a la luz, al menos, intentando llegar hasta ella. Sigo recogiendo piedras en el camino, y la verdad, ya no aspiro a dejar de encontrármelas, sino simplemente a ser capaz de agacharme, atraparlas y que la mochila no pese lo suficiente como para quedarme de cuclillas en mitad del camino. Quizás, algún día, sea capaz de ver la piedra, ponerle una sonrisa de media luna a la vida, y darle un puntapiés para echarla fuera. Pero por ahora, no puedo. ¿Camino sola? Me gusta pensar que no... pero se hace duro continuar con unas botas llenas de barro. Escucho en silencio las hojas de los árboles, busco susurros en el viento que me expliquen qué hacer, cómo llevar a buen puerto todo el cargamento que me ha tocado cargar a mis espaldas. Sin embargo, cuando empiezo a saber ver y escuchar, algún tractor gigante llega de frente y me hace desviar del camino, envolviéndome en una nube de polvo que invalida la dirección a la que debo dirigirme.

No sé cómo lo haré, ni con quién. Tampoco sé cómo superar el miedo de fijarme en esas miradas, esas que antes me hacían acomodarme en mi misma y que ahora me hacen huir. No lo sé, es una absoluta incógnita. Pero de momento sigo aquí, con la mochila a cuestas, intentando recoger todas las flores con las que me topo en la senda, en esta senda del tiempo que la vida ha colocado ante mi... que muchas veces es dura y cruel, pero que poco a poco, espero, irá dando paso a su meta y su recompensa. Que no me pague el dolor y el esfuerzo con dinero. Dame, Senda del Tiempo, sonrisas. Dame voces y sorpresas. Dame encuentros y lágrimas, amor y amistad, y absolutamente todo sufrimiento anterior, habrá merecido la pena.

Te espero en el camino, Senda del Tiempo. Con miedos, incertidumbres y cierto pesar, pero al fin y al cabo, creo en ti... y te espero, caminando.





No hay comentarios: